Problemas y vanidades de talla extragrande{Comentarios desactivados en Problemas y vanidades de talla extragrande}

En estos últimos años tal vez se esté conteniendo un poco la moda, pero todos recordaremos la auténtica fiebre vivida en los tiempos anteriores a la crisis por irnos de crucero. Casi todos conocemos a alguien que ha optado alguna vez (recientemente, en general) por este sistema turístico y de transporte de pasajeros de aire pretendidamente lujoso, sofisticado y elitista.

Esta sofisticación lujosa se desmorona si atendemos al funcionamiento real de un crucero. Siento decir que el “todo incluido” o sistema de la pulserita me parece lo más parecido que puede encontrarse en la industria turística al mercadeo de ganado: personas marcadas cual reses, con una lista de servicios perfectamente establecida, de la que no se puede uno salir salvo a costa de pagos exorbitados.

Se han visto barcos mayores que la isla que visitan... Se han visto barcos mayores que la isla que visitan…

No me imagino a la nobleza europea a la que pretendemos emular preguntando al camarero si el champagne está incluido. Por supuesto que no. Ni bajando atropelladamente porque sólo tenemos una hora para visitar esta ciudad que no recuerdo como se llama, fotografiándola sin mirarla. Pero atención, que no nos bajamos de un bus, sino de un barco. Y cuanto más grande, mejor (más ganado, digo más clientes caben).

El low cost llegó al mundo de la navegación turística

Además, la proliferación de transatlánticos acarrea algunos problemas; que pregunten en Venecia, si no, acerca del altamente invasivo sistema de transporte, que por su mero tamaño agrede algunos de los lugares a los que se dirige y exige la modificación de los enclaves a visitar. Es como cuando exigimos que una carretera pase sobre un yacimiento arqueológico para poder visitarlo.

Resumiendo, los cruceros en transatlánticos son un sistema altamente molesto de transporte y recreo de turistas que en un alarde de comportamiento snob y de nuevo rico alardean de practicar un turismo hasta hace poco reservado a las élites. Como si yo me creo que con mi cóctel de gambas de $4.95 en el Caesar’s Palace me convierto en un mafioso en Las Vegas de los años 70.

Concluyendo, como todo lo que toca la sociedad de masas, los cruceros se han vulgarizado al instante. Las grandes compañías implicadas han formulado un modelo de negocio low-cost similar al del transporte aéreo pero más glamuroso, más chic; podrás apoyarte en la barandilla y contemplar el mar como si fueses un lord inglés en el Queen Mary; solo que ni el Costa Concordia es el Queen Mary, ni a ti te espera un puesto en el Almirantazgo.